"YO SOY DE CANCÚN: aquí nací y aquí me verán"

Miércoles 07 Octubre 2015

Enrique de la Cruz Pineda, cancunense de cepa, actual subsecretario del Trabajo y Previsión Social en la zona norte

Cancunense de nacimiento, vivió junto con sus padres y amigos los huracanes "Gilberto" y "Wilma", en los que vivió momentos difíciles. Conoce las calles de la ciudad de sus amores y a sus habitantes. Abogado, sorteó su prueba de fuego en un caso difícil con un cliente interno del temido reclusorio Norte, en la Ciudad de México, y hoy es subsecretario del Trabajo y Previsión Social, desde donde recibe críticas constructivas y otras no tanto.

Enrique de la Cruz Pineda ya sabía que esto pasaría por ocupar un cargo en el Gobierno del Estado. Sin embargo, puntualiza que tiene la conciencia tranquila. "Jamás haría algo que avergonzara a mis papás, a mi hermano y a mi novia. Ellos me han sabido inculcar valores como la honestidad y quiero que, cuando tenga hijos, puedan caminar tranquilamente sin que nadie les diga que hice algo indebido", subraya en tono enérgico.

 

LA ÉTICA RIGE SU LABOR

Aclara que no debe favores políticos, dedica su tiempo a dar asesorías públicas desde su cargo a aquellas personas con situaciones laborales complejas y que no podrían contratar a un abogado. "Desde que juré como funcionario me desligué de mi bufete jurídico y dejó de litigar por ética. La ley me lo permitía, pero no quise caer en un conflicto de interés. Soy muy autocrítico y no quiero que se me vincule con nada fuera de la ley", enfatiza.

Este joven nació hace 33 años un 7 de septiembre. Tiene un hermano mayor quien vive en Monterrey, Nuevo León. "Tengo una sobrina que es la luz de todos. Se llama Victoria". Hijo de don Víctor de la Cruz y Rosa Nelly Pineda, fue un niño muy inquieto y disciplinado a la vez. Hacía sus ventas de garaje, lavaba coches, vendía huevos con harina y confeti en las kermeses de su escuela para ganarse sus primeros pesos y le tocó aquél Cancún en el que todos los ciudadanos se conocían y podían dejar las puertas abiertas de casas y autos sin ningún problema.

"Cuando llegó el huracán ‘Gilberto’ nadie esperaba que tuviera tal magnitud. Llegó poco después de la medianoche y para mí fue impactante ver a los barcos encallados en Puerto Juárez. Estuvimos un mes sin luz. Mi mamá daba de comer a algunos vecinos y viceversa todos nos ayudábamos, un Cancún muy solidario", recuerda quien gustaba de jugar con la avalancha y la bicicleta.

Cursó sus estudios en Cancún hasta el bachillerato, donde compartió salón con muchos de los hoy prominentes empresarios o servidores públicos. No tuvo dudas en elegir la carrera de Derecho Internacional. Su tesis en la Universidad de las Américas (Puebla) para recibir el grado de Licenciado derriba la teoría del presidente estadounidense George W. Bush para invadir Irak en el 2003. Apasionado de la política, siempre estuvo al tanto de la situación nacional y estatal gracias a revistas y periódicos.

Habituado a cruzar las manos, piensa unos segundos antes de cada respuesta. A su lado hay tres teléfonos celulares que no paran de sonar. El subsecretario cuenta que dio clases de inglés en una escuela pública como una especie de servicio social. Además, domina inglés y francés gracias a unos cursos que tomó en París, con base en el esfuerzo económico de sus padres y en los que cada euro que gastaba debía pensarlo muy bien.

Ya con el título en la mano, desembarcó en la capital del país. "La primera vez que entré al reclusorio pasé los tres filtros donde te revisan para que no metas armas. Los custodios me jugaron una broma y en lugar de guiarme a la zona de locutorios para ver a mi cliente, me ingresaron a un área dentro de prisión, donde unos internos me querían asustar. Guardé la calma y pedí salir. Estaba tranquilo por fuera y nervioso por dentro. Y lo bueno es que gane el caso", rememora sonriente.

Luego regresó a tierras cancunenses para fundar su propio despacho. Fueron tiempos complejos en los que le tocó tocar puertas que no todas se abrieron y hubo algunas que le dieron el sí pero que no le pagaron.

De la Cruz Pineda vivió solo al ingresar a la universidad y tuvo un compañero muy especial. También quiso estudiar para chef. Uno de sus platos favoritos es el queso relleno con tortillas hechas a mano. Amante del arte y la pintura, escucha todo tipo de música: desde jazz, un poco de salsa, hasta reggaetón. Se da tiempo para estar en forma en un gimnasio y prefiere el cine alternativo que el comercial.

En el plano personal, revela una relación de cinco años con una mujer que espera pronto sea su esposa. "Tengo pocos pero muy buenos amigos", afirma. Su preferido es un restaurante francés en el cual piensa y reflexiona sus decisiones. Considera que el ego es uno de los peores enemigos de políticos y funcionarios públicos. "Mis papás y mi novia me aterrizan. La política es una rueda de la fortuna, donde se puede servir a la sociedad desde arriba pero también desde abajo. A mí no me mueve la fama. Incluso, diría que me gusta pasar desapercibido. Aquí lo importante es no tomarse nada a nivel personal", destaca.

El subsecretario del Trabajo precisa que nadie la ha regalado nada. De las críticas, opina que se queda con las constructivas y las otras las deja pasar. Lo primordial, dice, es que pueda salir a la calle y pueda ver a todos con la mirada de frente. No me pienso ir de la ciudad aquí está mi hogar y siempre medito mis determinaciones para darme cuenta de mis errores y corregirlos en posteriores situaciones", asegura.

Pese a su juventud, señala que es de mucha ayuda rodearse de gente con experiencia. Reconoce y honra la apertura reciente de espacios en la política para los jóvenes. "Por eso quiero hacer las cosas mejor, porque creo que si fallo no sólo me estoy traicionando a mí mismo, sino a toda una generación", comenta con hablar pausado.

De su futuro en la administración pública, subraya que todo puesto tiene fecha de caducidad y que no se aferra a continuar para siempre. "Si me invitan a seguir o estar en otro cargo, aceptaría. De lo contrario, volvería a mis negocios. Hay vida después de trabajar en un gobierno. Quiero crecer profesionalmente. Me gustaría dar clases de Derecho", añade.

Prudente, Enrique acepta que en ocasiones ayuda a asociaciones y fundaciones aunque se niega a decir nombres para no buscar reconocimiento. "Quintana Roo me lo ha dado todo y en algo quisiera devolver", comenta. Autodefinido como "conservador" a la hora de tomar decisiones, refiere que su honestidad está a prueba de cualquier trampa o escollo.

Al final de la charla, cuenta la triste-feliz historia de su compañero especial que tuvo durante sus estudios universitarios. Se llamaba "Toffie" y era un perro labrador, que murió y él mismo cargó y enterró. Fue triste pero es el ciclo de la vida. Por fortuna, su novia se dedica en sus tiempos libres a recoger animalitos de la calle, y se encontró con otro labrador pero de sexo femenino y actualmente "Nina" es la amiga y compañera de este joven abogado.

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